Cuando salí de Cuba




En menos de un año, Yasiel Puig pasó de ganar 17 dólares mensuales a firmar un contrato de seis millones por temporada. Esa es la diferencia entre jugar al béisbol en el equipo de la localidad cubana de Cienfuegos o hacerlo en Los Ángeles Dodgers.

Entre medias, permaneció un mes secuestrado en una isla mexicana del Caribe por un grupo de contrabandistas vinculados al Cártel de los Zeta, que amenazaban con cortarle un brazo si no recibían los 250 mil dólares que habían acordado a cambio de sacar al beisbolista de Cuba. Ese es el precio que debe pagar un deportista cubano para intentar cumplir el “sueño americano”.
Por suerte para Puig, Raúl Pacheco, el empresario afincado en Miami que había encargado la fuga del cubano, decidió pagar. Un cuarto de millón de dólares eran migajas a cambio de lo que podía ganar si el prometedor beisbolista firmaba por un equipo de la Major League Baseball (MLB). Pacheco, que entonces se encontraba en prisión incondicional por intento de robo y falsificación de documentos, había acordado llevarse el 20 por ciento del contrato.
Puig nunca ha querido hablar del viaje que le llevó a Estados Unidos. Los Ángeles Magazine lo reconstruyó a partir de los testimonios de un boxeador que le acompañó en la escapada. La expedición la completaba una aspirante a modelo. El pasado martes, dos años después de que Puig se subiera a una lancha para iniciar su tercer y definitivo intento de escapada, Gilberto Suárez se declaró culpable de conspiración y contrabando por haber organizado la deserción del beisbolista. A cambio, había cobrado alrededor de dos millones de euros.
La historia de Puig no constituye una excepción. Hace un mes, Eliezer Lazo fue sentenciado a 14 años de prisión por participar en el contrabando de más de mil beisbolistas cubanos, que completaron la distancia entre Cuba y el Caribe mexicano bajo la supervisión de los cárteles de la droga. México es escala casi obligada para los disidentes que aspiran a hacer carrera en el béisbol estadounidense. Afincarse ahí les permite declararse agentes libres.
Con suerte, Puig será uno de los últimos deportistas cubanos que tengan que arriesgar la vida para jugar en las Grandes Ligas de Estados Unidos. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, anunciado el miércoles, ha abierto la esperanza del fin del bloqueo que se mantiene desde 1960. Minutos después de la comparecencia pública de Barack Obama, la MLB publicó un comunicado en el que aseguraba que seguía de cerca las noticias y que mantendría a sus equipos informados.
La noticia ilusiona en Estados Unidos tanto o más que en Cuba. La isla caribeña produce beisbolistas de gran calidad y antes de la Revolución fue un importante granero para las ligas estadounidenses.
Hasta 1960, Cuba tuvo una franquicia afiliada a la International League. Muchos equipos ya fantasean con la idea de establecer sus escuelas en la Isla, aunque para ello aún tendrán que esperar mucho tiempo.

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