Messi fue elegido “El Mejor”, pero quedó en deuda




Terminó el Mundial de Brasil 2014. Terminó una nueva ilusión de Argentina. Esta vez, la “albiceleste” estuvo cerca, muy cerca de volver a la cima del fútbol Mundial. Hizo una buena final contra Alemania, pero no alcanzó.

Pese a la tristeza por la derrota, el balance es positivo en muchos aspectos: sorprendió Romero por su seguridad, Rojo fue una grata revelación, Demichelis entró casi por la ventana y fue un bastión en la defensa, Mascherano sacó chapa de héroe, Di María mostró el desequilibrio permanente...Se vio una idea, un equipo, pero Messi, del que todos esperábamos que ratificara su condición de mejor jugador del mundo, como lo ha demostrado en el Barcelona, volvió a quedar en deuda. Y eso que lo seleccionaron El Mejor del Mundial.
Una aclaración: si Argentina hubiera sido campeona del mundo, el análisis hubiera sido el mismo en relación al capitán argentino. Porque de los grandes, de los mejores, siempre hay que esperar más. Hay que exigirles más, ya que a diferencia del resto cuentan con ese “plus” que los hace distintos. Pero con Messi en la selección debemos resignarnos a lo que vimos en esta Copa del Mundo: actuaciones destacadas ante rivales menores, y apariciones muy esporádicas frente a potencias y en partidos definitorios.
En Alemania 2006, un Messi muy joven jugó poco y nada en aquella selección de Pekerman; en 2010, todos esperaban mucho más: hizo un Mundial bastante pobre, donde no pudo convertir goles y se despidió, como el resto del equipo, sin pena ni gloria en la goleada de cuartos de final contra Alemania.
Este era su Mundial, su momento, con experiencia, más maduro en el roce internacional y protegido un entorno en el que se privilegió su bienestar por encima de todo. Hasta por encima del equipo. El caso de Tevez es un buen ejemplo: el goleador del “Calcio” (cuánta falta hicieron sus goles en una delantera que estuvo desacertada a la hora de definir), el que todos pedían a gritos, se quedó afuera del Mundial para que con su carisma y su desfachatez no opacara a la gran figura Argentina. Sin embargo, todo eso no alcanzó para que la Pulga la “rompiera” y llevara la Copa del Mundo a su país.
Tampoco le sirvió el ambiente favorable que se fue generando por ser Brasil, el gran rival, la sede de la Copa del Mundo. Por la cercanía, el apoyo masivo de los argentinos hizo sentir a la selección más local que nunca. Y a eso hay que sumarle que la “verdeamarelha” se vio sobrepasada por las presiones. Los de Scolari se venían cayendo a pedazos en cada presentación, no podían con su alma llevando a cuestas la mochila del “Maracanazo”, y terminaron quedando afuera de la final tras la histórica goleada que le propinó Alemania.


Sí, Messi tuvo todo a favor para demostrar, en la tierra de los pentacampeones, que podía ser más que Pelé, entendiendo esta frase como una motivación extra a la hora de salir a jugar cada partido.
Pero no. Algunos dicen que lo de Messi fue muy bueno, que la Argentina pasó la ronda de clasificación gracias a lo que aportó el jugador del Barcelona. Bueno, la cuestionada y cada vez menos creíble FIFA, en una decisión más emparentada al marketing que a la realidad futbolística, le dio el Balón de Oro del Mundial. En fin...
Pero volvamos a lo futbolístico y repasemos: el “10” hizo buenos partidos ante Bosnia, Irán y Nigeria, donde sumó cuatro goles. Señores, hablemos con franqueza: ante rivales de segundo y tercer orden, y dentro del grupo más fácil del Mundial para un cabeza de serie, la selección argentina hubiera pasado de ronda hasta con Messi sentado en el banco de los suplentes.
A esta altura, ni el propio jugador del “Barça” debe estar contento por haberle convertido un golazo a Irán sobre la hora (¿quién lo va a recordar?), cuando no apareció en los momentos decisivos, cuando se jugaba a todo o nada, a partir de octavos de final.
Es cierto, hizo una gran jugada en el minuto 118 del tiempo suplementario contra Suiza, que terminó en el gol de Di María... ¿Alcanza con eso?
Después apareció poco: contra Bélgica pasó casi inadvertido, frente a Holanda (donde Mascherano la rompió y las manos de Romero dieron el pasaporte a la Final) casi no tuvo participación y frente a Alemania, el partido donde más se esperaba de él, estuvo lejos de mostrar su jerarquía.
A partir de octavos la “albiceleste” jugó cuatro partidos. Con alargues incluidos, sumó 450 minutos: ningún gol de Messi (apenas dos de la selección), y participaciones destacadas a cuentagotas.
A esta altura, está claro que la Argentina debe replantearse muchas cosas, y una de ellas es dejar de creerse, y dejar de hacerle creer a la gente, que Messi los va a llevar a ganar un Mundial, como lo hizo Maradona en el ‘86. No, Messi es el mejor del mundo en el Barcelona, pero no lo es en la Selección. Eso queda claro después de varios Mundiales, Copas América y partidos de Eliminatorias.
Argentina tiene que entender que para ganar un Mundial necesita de un equipo. Sabella logró armarlo durante la estadía en Brasil 2014 y estuvo cerca del logro tan deseado. Y contra lo que muchos pensaban, el equipo tuvo sustento tanto dentro como fuera de la cancha en Mascherano, el verdadero capitán y caudillo de esta selección, y no en la “Pulga”.
Resumiendo: para el próximo Mundial, que nadie se quede afuera de la lista para proteger o mimar a un jugador. Messi debe ser uno más. Armen el mejor equipo que puedan, porque para salir campeón se necesita de todos. No alcanza con armar un lindo grupo para que el jugador estrella se sienta cómodo, dejando afuera a figuras que en momentos difíciles pueden ayudar a cambiar la historia.

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