“Desinflando” el Balón de Oro

Messi, Cristiano y Neymar Jr. compiten por el Balón de Oro 2015


¿Cuántos de ustedes saben qué tienen en común George Arliss, Paul Muni, Fredric March y Art Carney? La verdad, no creo que muchos. Yo mismo no hubiera sido capaz de desentrañar este acertijo si no hubiera sido el encargado de formularlo y, por tanto, buscar la respuesta.

Pues bien, resulta que los cuatro ganaron el codiciado Oscar al mejor actor, por más que ahora sean nombres casi anónimos a no ser que usted sea un cinéfilo de campeonato. Por supuesto, en la selecta lista de los ganadores también figuran Robert De Niro, Marlon Brando, John Wayne, Gary Cooper, Paul Newman y muchos otros que han pasado a la posteridad por sus contrastadas trayectorias.
Sin embargo, no todas las leyendas del cine -y hablamos sólo de los hombres- han ganado un Oscar al mejor actor. El ya fallecido Peter O'Toole fue nominado hasta ocho veces, en un intervalo de 44 años, pero nunca lo ganó, así que se tuvo que conformar con un Oscar honorífico por su maravillosa trayectoria en 2002.
Este galardón no empaña lo más mínimo la categoría de O'Toole como mito cinematográfico, pues su recuerdo pervive en películas como “Lawrence de Arabia” o “El último emperador”.
Es ahí, y no en un Oscar de más o de menos, donde reside la grandeza de toda gran estrella, porque los premios acaban invadidos por el polvo, pero sus películas se quedan para siempre.
Con el dichoso Balón de Oro pasa lo mismo. Cada año, parece que se detiene el mundo por un instante hasta conocer el nombre del afortunado, como si un premio tan fatuo como arbitrario pudiera retratar al más universal de los deportes.
Ojo, con esta reflexión no pretendo hacer de menos a jugadores como Lionel Messi o Cristiano Ronaldo, que ya lo han ganado; más bien todo lo contrario, porque no creo que la grandeza de ambos dependa del número de Balones de Oro que sean capaces de atesorar en sus vitrinas.
Messi y Cristiano son dos excepcionales futbolistas, dos fueras de serie que tienen garantizado un hueco en la historia del fútbol, y esto va mucho más allá de los títulos, porque es probable que ni el argentino ni el luso ganen nunca nada importante con sus respectivas selecciones. Algo que no le impidió a Alfredo di Stéfano, que ni siquiera llegó a disputar una Copa del Mundo, figurar en todas las listas de los mejores futbolistas del siglo XX.
Porque esa es otra mentira muy extendida, la de creer que sólo se recuerda a los vencedores, como si la Hungría del ‘54, la Holanda del ‘74 o el Brasil del ‘82 no fueran tres de las selecciones más recordadas de todos los tiempos pese a sus sonoras derrotas.
Con el Balón de Oro pasa lo mismo. Todos los ganadores fueron excelentes futbolistas, no cabe duda, pero algunos pierden brillo con el paso de los años, o al menos su recuerdo. Creo que pocos de ustedes sabrían decirme la nacionalidad de Flórián Albert o el equipo para el que jugaba Josef Masopust, y en ambos casos hablamos de dos ganadores del codiciado galardón.
Sin embargo, un “tal” Ferenc Puskas nunca lo ganó, lo que no impidió que la FIFA lo distinguiese en 2004 como el máximo goleador del siglo XX. Lo mismo pasa con “Paco” Gento, que puede presumir de más Copas de Europa que nadie (seis) y nunca fue nominado al Balón de Oro.
Puskas, en definitiva, está más vivo en el acervo futbolístico que Flórián Albert, por mucho que éste pudiera presumir de un Balón que su compatriota -sí, los dos son húngaros- nunca pudo ganar.
Así que ya saben, tómenselo con tranquilidad porque sólo se trata de un premio con fecha de caducidad. Un día inolvidable para el ganador que, de todos modos, cambiaría con gusto su dorado trofeo por la Copa del Mundo. ¿O alguien lo duda?

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