Se “desinfla” el Balón de Oro




La revista francesa France Football instauró en 1956 la concesión del Balón de Oro como premio al mejor futbolista europeo del año. Hasta 1995 se mantuvo dicho premio excluyendo a jugadores de otros continentes y esa circunstancia provocó que estrellas como Pelé, Maradona o Romario no se adjudicasen un galardón que hace 20 años recayó en el liberiano George Weah (entonces futbolista del Milan) como primer vencedor “planetario”.

Sin embargo, el trayecto del premio varió de forma absoluta a partir de 2010. Abocada a una grave crisis financiera, en 2009 France Football cedió la organización anual del Balón de Oro a la FIFA y en cuanto el organismo de Blatter se hizo con el control de la gala su personalidad tomó una nueva personalidad y unos nuevos condicionantes.
Se transformó en una gran fiesta y se abrieron las votaciones a jugadores y seleccionadores de todo el mundo, aunque, a la vez, desde la propia FIFA se puso especial énfasis en dar protagonismo por encima de todo a los cracks indiscutibles.
Desde entonces, hasta hoy nadie ha hecho sombra a estos cracks mediáticos.
Leo Messi, que había ganado su primer Balón de Oro en 2009, fue el vencedor en esa nueva era que comenzaba en 2010 y su propia sorpresa fue tal que ni tan solo llevaba un discurso preparado por cuanto todas las apuestas se repartían entre sus compañeros Xavi Hernández o, sobretodo, Andrés Iniesta, máximo favorito y que acabó en segundo puesto.
España había ganado el Mundial de Sudáfrica y había sido una constante que en año mundialista el vencedor del galardón fuera un campeón del mundo: Fabio Cannavaro, en 2006,
Ronaldo, en 2002, o Zidane, en 1998, invitaban a pensar en esa costumbre que se rompió hace cuatro años. Y es que para Blatter, la brillantez de su gala se sustentaba, se sustenta, en el poder mediático del ganador, por encima de cualquier otra cosa.
Con el paso de los años, desde 2010, el fútbol mundial se ha dividido de manera inequívoca entre Messi y Cristiano Ronaldo. Leo repitió, a la sombra de sus éxitos con el Barcelona, en 2011 y 2012 y en 2013 regresó al primer puesto Cristiano, ganador del galardón en 2008 cuando había conquistado la Champions con el Manchester United.
El portugués se impuso por un estrecho margen al argentino y a Ribéry, al que de nada sirvió lograr el Triplete con el Bayern Múnich y tener el apoyo implícito de buena parte de entrenadores o futbolistas de prestigio.
El “trabajo en la sombra” de la FIFA apoyando las candidaturas de Cristiano Ronaldo y Messi descabalgó al francés y evidenció, ya sin ningún pudor, la nueva era del galardón.
El madridista ha repetido en 2014 con un margen mucho mayor sobre el azulgrana y por encima de Neuer, el portero del Bayern campeón de la Bundesliga y del Mundial y quien para no pocos era el mayor merecedor.
La presión de su club y la publicidad gratuita de la FIFA en todo el mundo apoyaron tanto su premio como votos que se adivinan, como en los últimos años, marcados por “la obligación” de apoyar al compañero o compatriota, por no decir el poder mediático en países de menor calado futbolístico. El de 2014 ha sido el primer año de Mundial en que el campeonato de selecciones no ha tenido apenas ninguna trascendencia en el galardón.
No se entiende de otra manera cuando un campeón del mundo ha sido desplazado al tercer lugar y el vencedor pasó sin pena ni gloria por la cita.
Mientras Messi, alma y líder de Argentina, se quedó a minutos de alcanzar la tanda de penales de la final, Cristiano Ronaldo se fue a casa a las primeras de cambio.
Más aún, el peso del luso en los éxitos del Real Madrid se contempla menor en algún caso. Ausente en la final de Copa que venció el equipo merengue al Barcelona, fue intrascendente en la final de la Champions, anotando de penalti el 4-1 definitivo en el último minuto de la prórroga frente al Atlético y fue también un simple secundario en la final del Mundial de Clubs.
Pero su catarata de goles, su excepcional sprint entre septiembre y noviembre (25 goles en 20 partidos), el apoyo indisimulado del Real Madrid y su indudable peso mediático en todo el mundo provocó el olvido del Mundial y de cualquier otra circunstancia.
Porque el presente, y futuro, del Balón de Oro se escribe en base a ese poder público que personifican hoy los cracks y que les coloca en una situación privilegiada. Con una ventaja, como se ha demostrado, decisiva.

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