Pero en eso llegó “El Doctor”




“Esto no es atletismo”, así lo justificaba Valentino Rossi, ganador en Qatar después de una carrera celestial en la que remontó de la undécima posición en la primera vuelta, hasta triunfar sobre la línea de meta batiendo a la Ducati de Andrea Dovizioso que volaba en la recta y parecía que tenía la carta ganadora.

“The Doctor” ha resucitado tantas veces que podría decirse que nunca se había ido. Su grandeza y talento siempre habían permanecido en las pistas. Ni la edad puede con él. Su “pacto” con el diablo le permite vivir una eterna juventud. Mientras otros se machacan en gimnasios, montañas o circuitos, él, a lo suyo, con su discreta preparación, se mantiene en una élite a la que ha vuelto a dominar.
A sus 36 años, “Vale” dio una demostración de determinación, de fuerza de voluntad, de creer en sí mismo. Por supuesto, una cosa es creer que se puede y otra, hacerlo. Él lo vio tras pasar a Yonny Hernández y rodar solo. Hizo 1:55.2 minutos y vio que su ritmo le daba para cazar a Lorenzo, que se batía el cobre con las dos Ducati.
También le dio fe el hecho de saber que Marc estaba fuera de la pelea. Vale fue a más para adelantar a todos y contener a Dovizioso en el último giro.
“Una de las carreras más bonitas de mi trayectoria. Siempre pensé en ir paso a paso. Ver a Márquez irse largo ya me hizo pensar que sería más fácil. Cuando vi que no me pasaba en la recta incluso entré sonriendo en la meta”, confesó Vale, que estaba emocionado y dando unos abrazos que recordaron a aquel mítico triunfo en Laguna Seca frente a otra Ducati, la de Stoner, con aquel adelantamiento en el “sacacorchos”.
“Sin duda ha sido una de mis mejores peleas en la última vuelta, digna de otras como con Capirossi en Mugello o frente a Lorenzo en Montmeló”, evocó el de Tavullia.
Era el día de Italia. “Ganó Ferrari y me dijeron: ‘Ahora, tú’. Dije: ‘Buena idea’, pero no lo veía claro”, declaró. De hecho, los del país de la bota no copaban un podio de la clase reina desde Japón en 2006, cuando subieron Capirossi, Rossi y Melandri. “Es bonito poder decir que yo ya estaba allí”, bromeaba el italiano.
Fue la constatación, también de que Rossi está más que capacitado para pelear por el Mundial esta temporada. Desde que llegó a Yamaha ha crecido en sus prestaciones y resultados. Ahora lidera el certamen, algo que no sucedía desde que venció, precisamente en Losail en 2010. “Entonces empezó mi calvario. Primero, me hice daño en un hombro el miércoles o jueves siguiente; luego me rompí la pierna en Mugello; y, después vino la etapa en Ducati, que fue difícil”, rememoró. 
Por supuesto, muchos le dieron por acabado en todo este tiempo, pero él siempre supo que volvería. “Me siento bien, me gusta mi trabajo, que es también mi pasión, como también lo es de los otros pilotos. Lo más importante es la motivación”, destacó. Era la noche de Rossi.

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