¿Realmente ganaron los Rays?


Dayron Varona (derecha) regresó a Cuba enfundando la casaca de los Rays. Foto: Getty Images


El mítico estadio Latinoamericano, próximo a cumplir 70 años, fue escenario de un acontecimiento histórico y extraordinario. Y es que no todos los días un partido de béisbol cuenta con la presencia de dos presidentes (Barack Obama y Raúl Castro) entre sus espectadores.

Los Tampa Bay Rays llegaron a La Habana a celebrar un juego de exhibición frente a la selección cubana. Lo de menos fue el resultado del choque, que ganaron los visitantes cuatro carreras por una. La trascendencia estuvo en las lecciones que dejó, de cara a un futuro que se ve inmediato e inevitable.
Cuando el camagüeyano Dayron Varona se paró en el cajón de bateo como hombre proa en la tanda de los norteños, se convirtió en el primer pelotero desertor oriundo de esta tierra caribeña en volver a jugar en la Isla con una chamarreta de las Grandes Ligas.
Hizo bien el alto mando de Tampa Bay en incluirlo en su delegación, a pesar de ser el único de los asistentes que no pertenece al roster de 40 jugadores del elenco. Su participación sentó un precedente de algo a lo que las autoridades cubanas deberán empezar a acostumbrarse.
De igual forma, ver a Luis Tiant lanzar la primera bola junto al eterno Pedro Luis Lazo, también resultó extraordinario, porque derrumbó el muro establecido en torno a los peloteros profesionales cubanos, de quienes estuvo prohibida cualquier mención durante varias décadas.
Seamos claro, si usted no tiene unos cuantos años de vida, o no es un gran conocer del deporte de las bolas y los strikes, es muy probable que no conozca a Tiant, uno de los lanzadores más fenomenales nacido en Cuba.

Los presentes en el "Latino" vivieron una verdadera fiesta

Beisboleramente, el juego reveló el bajo nivel actual de la selección de las cuatro letras, incapaz de descifrar los envíos de Matt Moore. Los que seguimos la Major League Baseball (MLB) sabemos que Moore no conforma la élite del pitcheo zurdo de las “Mayores”. O sea, no es que estaba parado en el box Clayton Kershaw, Dallas Keuchel, Madison Bumgarner ni nada por el estilo.
Moore es un pitcher por encima del promedio, que intenta regresar a su mejor forma tras pasar por el quirófano y a quien el equipo antillano que enfrentó a los Orioles de Baltimore (en 1999), posiblemente, hubiera masacrado.
Si las autoridades cubanas no acaban de entender que los peloteros que están en las Grandes Ligas son tan nuestros como los que juegan en las Series Nacionales, podemos desde ya pronosticar un fracaso estrepitoso en el IV Clásico Mundial, pactado para el 2017.
El convocar a hombres como Kendrys Morales, Yasiel Puig, José Dariel Abreu y compañía no depende de un acuerdo previo con la MLB, ni del bloqueo económico. Obedece a que alguien en Cuba acepte de una buena vez y por todas que el béisbol es parte de la cultura y la identidad nacional, y no se debe mezclar con la política.
Esperemos que el tope sirva para forjar bases de un entendimiento que necesitamos, más que todo, para los peloteros de la Mayor isla del Caribe puedan cumplir sus sueños de jugar en la “Gran Carpa” y nuestra afición también goce de sus logros.

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