La telaraña de Nelson (+fotos)



Nelson Johnston se ha convertido en un portero muy seguro bajo los palos     Fotos: Daniel Houdayer

Solo elogios le llegan al arquero Nelson Johnston Barrientos (Santiago de Cuba, 25 de febrero del 1990) en el año que concluyó. “Es un muro”, “nos da mucha seguridad”, “está pendiente a la ubicación de todos en la cancha”, “siempre ayuda con sus atajadas”, son solo algunas de las opiniones de sus compañeros de equipo.
Lo cierto es que Nelson ha subido el nivel de forma tal, que ya es considerado el presente y el futuro de la portería de los Diablos Rojos de Santiago de Cuba, y de las selecciones nacionales de futsal y absoluta. Un portero de esos que te dan puntos y te ayudan a sacar victorias donde no parece haberlas.
En la pasada 102 Liga Cubana de Fútbol, ganada de manera invicta por los indómitos, el cancerbero solo recibió ocho tantos en 21 partidos y, lo más llamativo, logró mantener invicta su valla durante más 700 minutos consecutivos. Todo esto le ayudó a ser elegido el Guante de Oro del torneo.
No hay delantero rival que pueda decir que las tuvo cómodas con el “1” santiaguero enfrente. Lo que para muchos parecía ser pan comido; ya que, después de todo, entre el rematador y el gol solo se interponía el arquero, terminó por ser un calvario. Pues no fueron pocos los que quedaron atrapados en la telaraña de Nelson.
También se habla mucho de las cualidades para jugar con los pies del muchacho de 28 años de edad y 16 dedicados a la práctica del fútbol; aunque, a decir del propio atleta: “lo más importante es el uno contra uno. Es ahí donde realmente ayudas a tu equipo a ganar partidos”.
Hay que hablar de las cualidades académicas de Nelson. Llama la atención ver que es de esos porteros que aguantan para no tirarse hasta que el delantero decide hacia donde chutará. Su colocación es otro elemento destacable, ya que achica en una posición que le permite reaccionar con cualquiera de las dos manos o piernas. Sin duda, todos estos elementos son muestras de su madurez, que lo han convertido en un stopper de escuela.

Una de las paradas más características de Nelson es la de los balones que van en dirección a la base del poste. En esta acción hay que poner las manos rígidas para que no se doblen y poder dirigir el rechace a las zonas de menos peligro. Lo ideal es enviar el disparo a córner, pero en caso de no ser posible, el objetivo es que el despeje salga lo más paralelo posible  a la línea de fondo para que el rival no pueda  realizar un contrarremate.

Con respecto a su actuación en el 2017, que le valió para ser seleccionado el Mejor Futbolista de Cuba, Johston Barrientos aseveró: “Fue el año cumbre de mi carrera deportiva, pues alcancé logros en el plano colectivo e individual nada fáciles, pero me encomendé al trabajo duro y a la disciplina, y al final salieron los resultados en el terreno. Sé que este tipo de premio casi siempre lo acaparan los delanteros o los centrocampistas, así que, desde mi posición de portero, es un mérito doble para mí.
“Igualmente, es un privilegio haber hecho historia con el equipo de Santiago de Cuba, pues fue la primera vez que se lograba el título nacional en esta provincia, y lo hicimos, además, de manera invicta. Tengo mucho que agradecer a mis entrenadores, compañeros y cuerpo técnico por guiarme en este camino, porque sin ellos no habría conseguido todos esos méritos”, agregó.
Personalidad no le falta al indómito, quien reconoce que: “me gustaría que mi trabajo se diera a conocer en el extranjero y poder incursionar en ligas foráneas para demostrar lo que puedo hacer, y sobre todo crecer en el plano profesional”. 
Normalmente, un portero llega a su plenitud a los 30 años de edad. Él tiene 28 y ya está maduro. Ah, y, además de tener nervios de hielo y manos de acero, juega con los pies.

Su posición en el uno contra uno está pulida. Parte de una posición de base muy buena, que le permite sacar tanto la mano derecha como la izquierda, y utilizar, incluso, las piernas. Otros de sus secretos es que no se vence con facilidad y eso obliga al delantero, que viene en carrera, a pensar antes de decidir  hacia donde disparar. Para entonces, el arquero se ha agigantado, con su envergadura, y al atacante la portería se le hace pequeña.

 
La portería mide 2,44 metros de alto y un arquero de 1,85m con tan solo levantar uno de sus brazos toca el larguero. Pero en los partidos el portero casi siempre está a algunos pasos por delante de la línea de gol. Entonces, la mano cambiada es una solución viable, porque en plena estirada se llega más arriba que con la mano natural. Los balones que van hasta los 2,60 metros de altura son salvables, pero los que llegan a 2,70m olvíndelos, esos van adentro siempre.

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