Hora de hacer cambios




Los momentos más memorables del quinto juego de la Serie de Campeonato de la Liga Americana ocurrieron -desafortunadamente- en el home este jueves.
En la primera entrada, Miguel Cabrera trató de anotar aunque el jardinero izquierdo Jhonny Gomes ya tenía la pelota en su guante justo al mismo tiempo que Cabrera estaba pisando la tercera base. Cabrera fue out por varias yardas de distancia, pero trató de tumbarle la pelota al receptor de Boston, David Ross, al chocar con él. No funcionó.
En la entrada siguiente, Ross era el corredor en una jugada cerrada cuando se fue de frente contra Álex Ávila, atropellando al receptor de Detroit. La jugada fue mucho más cerrada, y Ross golpeó a Ávila de una forma mucho más dura que lo que Cabrera lo golpeó a él. El enmascarado de los Tigres logró retener la pelota y Ross fue out.
Pero la jugada tuvo un precio. Ávila, quien también había recibido varios golpes por pelotas bateadas de foul y lanzamientos salvajes, tuvo que salir de juego poco después por una lesión del tendón patelar de su rodilla izquierda.
La ironía de esta jugada es que ambos jugadores son receptores y ambos han sufrido conmociones que los sacaron de juego este año. Ross ha sufrido varias conmociones en su carrera. Razón por la que Ross se aseguró de golpear a Ávila en la pierna y luego habló con él sobre ello.
“Yo lo respeto mucho”, dijo Ross. “Yo estaba tratando de conseguir algo. Él estaba intentando ponerme fuera, eso es parte del juego. Espero que esté bien. Le dije que no tenía alternativa. Solo podía irme con todo. Él lo entendió. Ambos hablamos el otro día sobre nuestras conmociones. Yo sé por lo que él ha pasado y él sabe por lo que yo he pasado”.
Dados los peligros de jugadas como esa, ¿acaso es necesario que el béisbol cambie las reglas para los choques en el plato?
“Yo me he hecho esa pregunta desde que Buster Posey salió lastimado”, dijo Ávila. “Me han golpeado muchas veces. Nunca he visto nada malo en ello. Eso es parte del juego. Uno hace lo que pueda como receptor para protegerse y lo he hecho a lo largo de mi carrera, pero algunas veces uno no puede y tiene que lidiar con eso”.
Ávila está errado. Los receptores no deberían tener que lidiar con eso. Atletas jóvenes que se ganan millones de dólares para el deleite de millones de fanáticos no están en buena posición de decidir lo que es mejor cuando se trata de su salud a largo plazo. Las ligas deben protegerlos, porque como dice el mismo Ávila, ellos no se pueden proteger a si mismos.
Las reglas deben ser cambiadas para detener los choques en el plato.
“Definitivamente porque eso tiene mucho que ver con nuestra salud”, dijo el receptor de Detroit, Brayan Peña, quien reemplazó a Ávila detrás del plato.
“No estamos hablando acerca de receptores débiles. Nosotros como receptores sabemos nuestra responsabilidad, sabemos exactamente por lo que firmamos. Pero al mismo tiempo, estamos hablando de conmociones. Yo sé que las Grandes Ligas están haciendo un gran trabajo, especialmente al asegurarse de que tengamos una semana libre para poder volver al 100 por ciento de una conmoción.
“Pero aun así, esos choques en el plato son peligroso, porque son chicos grandes los que vienen hacia ti y uno tiene que quedarse ahí y aceptarlo como un hombre. Pienso que ellos deberían hacer algo sobre ello en vez estar solo hablando”.
Y aún así nada ha cambiado. Es tiempo de hacer cambios.
Yo no pensaba así antes. Yo también me disfruto algunos choques juegos de béisbol. Este es un deporte para grandes, no para chicos salidos de la escuela. Estos son atletas que compiten uno contra el otro. Uno no puede eliminar todos los riegos. Y esa es la manera en que siempre se ha jugado la pelota.
Pero los tiempos han cambiado. Sabemos cosas ahora que antes no sabíamos. Ahora sabemos lo devastadores que pueden ser las conmociones para el cerebro y para la salud de una persona a largo plazo. Esta no es la era de Ty Cobb. Incluso alguien de la vieja escuela como el manager de Detroit, Jim Leyland, dice que las reglas tienen que ser cambiadas.
Ya es suficientemente duro ser un receptor. El golpe más duro que pudo haber recibido Ávila fue el foul que Ross conectó directamente hacia su máscara en la cuarta entrada. Los receptores reciben constantemente pelotazos en su máscara, en su pecho, en sus piernas, en su copa protectora. Es sin duda la posición más dura en todo el béisbol. Ellos no deberían tener que ser golpeados por jugadores de 250 libras de peso corriendo a toda velocidad. Esto no es fútbol americano.
Ross admitió que “ya era out”. ¿Por qué tenemos que permitirle que choque contra Ávila? ¿Por qué tenemos que permitirle a Cabrera que choque contra Ross con la esperanza de que se le suelte la pelota?
Esto no es nada diferente al golpe que le propinó Alex Rodríguez a la pelota en el guante de Bronson Arroyo en la Serie de Campeonato de la Liga Americana en el 2004, donde fue declarado out. A los jugadores no se les debe permitir golpear de forma intencional la pelota cuando está en el guante del contrario, independientemente de la posición.
Esta es la que debería ser la nueva regla: El plato es como cualquier otra base. El receptor es como cualquier otro fildeador. El corredor tiene que deslizarse. El receptor no puede bloquear el plato. El corredor no puede chocar con el receptor.
¿Cambiará esto la manera en que se ha jugado el juego? Sí, pero el béisbol cambia. No con rapidez. No muy a menudo. Pero sí cambia.
Cuando Ray Chapman falleció por un pitcheo de Carl Mays, el béisbol cambió las reglas. Prohibió a los que escupían las pelotas y las hacían más difíciles de ver. El béisbol luego ordenó que se utilizaran cascos para batear, aunque los jugadores se quejaron que no era algo muy masculino. Pero nadie se atrevería a decir algo como eso ahora.
Los tiempos cambian. El juego debe cambiar también.
“Es algo atemorizante”, dijo Peña. “Recuerden, al final del día, es solo un juego”.

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